EEUU impulsa megabuques nucleares y crece la polémica
El Gobierno de Estados Unidos oficializó la construcción de una nueva generación de buques de guerra nucleares denominada clase Trump, un ambicioso programa militar que ya genera fuertes debates por sus costos millonarios, su impacto estratégico y las dudas sobre su continuidad política en los próximos años.
La confirmación llegó a través del Plan de Construcción Naval para el año fiscal 2027, presentado esta semana por la Armada estadounidense. El proyecto contempla la fabricación de 15 embarcaciones entre 2028 y 2055, equipadas con tecnología de última generación, sistemas hipersónicos y armamento láser de alta potencia.
El primer buque, que llevará el nombre USS Defiant, demandará una inversión estimada en 17.470 millones de dólares, convirtiéndose en una de las construcciones navales más costosas de la historia del país. Según el cronograma oficial, comenzaría a construirse en 2028 y sería entregado en 2036. Las siguientes unidades también tendrán presupuestos multimillonarios, aunque algo inferiores.
La nueva clase contará con propulsión nuclear, una decisión que había generado diferencias dentro del propio gobierno norteamericano. Finalmente, la administración de Donald Trump avanzó con esa opción al considerar que la enorme demanda energética de los sistemas incorporados hacía prácticamente indispensable esa tecnología.
Entre las capacidades anunciadas aparecen 128 celdas para lanzamiento de misiles, armamento hipersónico, radares avanzados, cañones navales, sistemas láser y un riel electromagnético de alta potencia. Además, las embarcaciones podrán operar aeronaves de despegue vertical y transportar tripulaciones de hasta 800 personas.
El programa forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer la presencia militar de Estados Unidos frente al crecimiento naval de China. Sin embargo, especialistas y sectores del Congreso cuestionan si resulta conveniente invertir sumas tan elevadas en pocos buques gigantescos en lugar de ampliar la cantidad de embarcaciones de menor tamaño.
A esto se suma la presión que atraviesa actualmente la industria naval estadounidense, con retrasos en la producción de submarinos y otros proyectos militares. Analistas advierten que los astilleros podrían enfrentar dificultades para sostener semejante nivel de construcción en los próximos años.
El componente político también aparece como un factor determinante. Al estar estrechamente vincionado a la figura de Donald Trump, el futuro del programa dependerá en gran medida de los resultados electorales en Estados Unidos y de las decisiones que tome la próxima administración.

