Therians en espacios públicos: la identidad animal que gana visibilidad y despierta debate en Argentina
Con máscaras, colas y movimientos que imitan a distintos animales, un grupo de jóvenes comenzó a llamar la atención en plazas y espacios públicos de distintas ciudades del país. Se trata de los llamados therians, personas que aseguran identificarse de manera parcial e involuntaria con un animal, una vivencia que describen como identitaria y que en los últimos meses ganó visibilidad a partir de videos virales en redes sociales.
La escena se repite en lugares muy concurridos, como el Barrio Chino de la Ciudad de Buenos Aires: mientras algunos transeúntes reaccionan con curiosidad y sacan sus celulares para filmar, otros prefieren evitar cualquier tipo de interacción. Entre quienes participan de estas prácticas está Aguará, una adolescente de 15 años que se identifica con un canino y que explica que su vínculo no es con cualquier animal, sino específicamente con el pastor belga malinois.
A diferencia de los llamados furries, que se vinculan al cosplay y a personajes antropomórficos, los therians sostienen que lo suyo no es un hobby ni una tribu urbana, sino una forma de vivenciar la identidad. “No es que nos autopercibimos animales ni queremos dejar de ser humanos”, explican. Según relatan, son plenamente conscientes de su humanidad, pero sienten una conexión profunda con ciertos rasgos animales que influyen en su forma de percibir el mundo.
Dentro de la comunidad también se mencionan experiencias como el phantom shift, una sensación corporal en la que afirman percibir extremidades que no existen físicamente, como colas u orejas. Estas vivencias, aseguran, no son buscadas ni forzadas, sino que aparecen de manera espontánea.
En Argentina, la comunidad therian se organiza a través de grupos en redes sociales y encuentros presenciales en distintas provincias. Según sus integrantes, existe una red llamada “Xul Solar” que reúne a alrededor de 120 personas de entre 11 y 30 años, con reuniones en ciudades como Buenos Aires, Posadas, Bariloche y otras del interior del país.
El fenómeno también despertó análisis desde el campo de la salud mental. Especialistas en psiquiatría y psicoanálisis señalan que identificarse con un animal no implica necesariamente una negación de la humanidad ni una patología. En ese sentido, explican que las identificaciones forman parte de la constitución subjetiva y cultural de las personas, y que lo animal ha sido históricamente una forma de simbolizar deseos, emociones o rasgos de la personalidad.
No obstante, advierten que cada caso debe ser escuchado de manera singular, ya que en algunos puede tratarse de una forma de pertenencia transitoria, mientras que en otros podría expresar malestares más profundos. Coinciden en que no todo lo que resulta extraño es patológico, y que el abordaje no debe partir del juicio ni de la estigmatización.
Mientras tanto, Aguará y otros jóvenes continúan encontrándose en espacios públicos, conviviendo con miradas diversas. “Siempre va a haber gente que se burle o que no entienda”, afirma. “Pero no nos hacemos daño ni dañamos a nadie. Simplemente es algo que está ahí”.

