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Quién era Alí Khamenei, Líder Supremo iraní abatido en Teherán

El ayatolá, que gobernó con puño de hierro durante 36 años, fue abatido este sábado en Teherán. Su fallecimiento marca el colapso del «Eje de la Resistencia» tras un año de derrotas estratégicas y una profunda crisis interna.

 

 

El régimen de la República Islámica de Irán confirmó este sábado lo que el mundo sospechaba tras las explosiones que sacudieron la capital: el Líder Supremo, Alí Khamenei, ha muerto. El hombre que ostentó el poder real y absoluto en Irán desde 1989 fue alcanzado por una operación aérea conjunta entre Estados Unidos e Israel, cerrando uno de los capítulos más largos y controvertidos de la historia contemporánea de Medio Oriente.

La operación, calificada por el presidente estadounidense Donald Trump como una «intervención estratégica necesaria», tuvo lugar en la madrugada del sábado. Según fuentes militares, el ataque con misiles de alta precisión impactó en el búnker donde se refugiaba el ayatolá, en medio de una escalada bélica que en el último año había diezmado el sistema de defensa aérea iraní.

Tres décadas de mando absoluto

Alí Khamenei fue, durante 36 años, la máxima autoridad política y espiritual de la República Islámica de Irán. Su muerte, ocurrida el sábado 28 de febrero de 2026 durante un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel, marca el fin de uno de los regímenes más herméticos y confrontativos de la historia moderna.

Khamenei no era solo un jefe de Estado; era el Rahbar (Líder Supremo), la autoridad espiritual y política máxima por encima del Presidente y el Parlamento.

Tras suceder al fundador de la revolución, Ruhollah Khomeini, Khamenei blindó su autoridad a través de la Guardia Revolucionaria (IRGC), convirtiéndola en un estado dentro del estado con un imperio económico y militar sin precedentes.

Bajo su mando, Irán se convirtió en el principal adversario de Occidente en la región, financiando el terrorismo internacional y consolidando el «Eje de la Resistencia», que incluyó a grupos como Hezbollah, Hamas y los rebeldes hutíes.

La muerte de Khamenei llega en el momento de mayor debilidad del régimen en 40 años. El último año fue testigo de una cadena de fracasos estratégicos para Teherán:

El colapso del régimen de Bashar al-Assad en Siria (diciembre 2024) cortó la ruta logística de Irán hacia el Mediterráneo.

La eliminación de Hassan Nasrallah (Hezbollah) y de gran parte de la cúpula de Hamas dejó a Irán sin sus principales «brazos» regionales.

Mientras las bombas caían en el exterior, las calles de Irán estallaban en protestas masivas debido a la hiperinflación y el colapso del rial. Informes internacionales hablan de una represión sangrienta que habría dejado miles de víctimas en los últimos meses.

El estigma del terrorismo internacional
Para gran parte de la comunidad internacional, el legado de Khamenei está manchado de sangre. Se le atribuye la autoría intelectual de atentados masivos, incluido el ataque a la AMIA en Argentina (1994) y una serie de asesinatos selectivos de disidentes en Europa. El Departamento de Estado de EE. UU. estima que, bajo su mando, Irán estuvo implicado en complots terroristas en más de 40 países.

¿Qué sigue para Irán?
La muerte del Líder Supremo abre un vacío de poder sin precedentes. Mientras Donald Trump insta a la población iraní a «tomar el control de su gobierno», la incertidumbre crece sobre quién sucederá al ayatolá o si el régimen teocrático podrá sobrevivir sin su figura central.

Por el momento, las fuerzas navales y los sitios de misiles iraníes permanecen bajo vigilancia máxima de las potencias occidentales, que han prometido «aniquilar» cualquier intento de represalia convencional.

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