Economia 

¿Por qué la carne subió casi el doble que la inflación?

En un año en el que la inflación cerró en 31,5%, el precio de la carne vacuna terminó muy por encima del promedio y volvió a convertirse en uno de los principales dolores de cabeza para los hogares argentinos.

 

Los datos oficiales del INDEC confirmaron que, en 2025, la carne y sus derivados aumentaron entre 51% y casi 60%, casi el doble que el índice general, impulsados por una menor oferta, precios internacionales en alza y un consumo interno que, lejos de derrumbarse, empezó a mostrar señales de recuperación.

El fenómeno se dio en un contexto en el que el Gobierno celebró la desaceleración inflacionaria como uno de sus principales logros, pero el impacto en alimentos básicos dejó expuesta la fragilidad del poder adquisitivo. Según explicó Antonella Semadeni, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), el aumento de la carne explicó “0,5 puntos del 2,8% de inflación de diciembre, y 2,2 puntos si se tiene en cuenta sólo el rubro alimentos”.

De acuerdo con el INDEC, la carne registró una suba interanual del 51%. Fue el segundo ítem que más aumentó en todo el año, sólo detrás de los alquileres. El detalle por cortes muestra con claridad la magnitud del ajuste: el cuadril subió 72,6%, la paleta 71,2%, la nalga 69,7%, el asado 69,4% y la carne picada común casi 60%.

Un relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) señaló que sólo en diciembre la carne vacuna aumentó 12,9%, muy por encima del pollo (6,3%) y el cerdo (10,6%). En términos interanuales, el IPCVA estimó una suba del 69,8% para la carne vacuna, mientras que el pollo aumentó 67% y el cerdo 45%.

 

Menos oferta y presión desde afuera
Los especialistas coinciden en que uno de los factores centrales fue la menor disponibilidad de animales. La sequía de 2023 redujo la tasa de nacimientos de terneros y ese impacto se sintió de lleno en el stock ganadero de los años siguientes. A eso se sumó un 2025 con mejores condiciones climáticas, que llevó a muchos productores a retener la hacienda y prolongar el engorde.

La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) explicó que este comportamiento “constituye una señal contundente del alargamiento de los ciclos productivos, orientados a la obtención de animales más pesados, una mercadería cada vez más buscada para la exportación”. Según la entidad, el precio minorista de la carne quedó incluso por debajo del aumento de los costos: un 15% menos que lo que subieron las carnicerías y un 9% por debajo del valor de la hacienda en pie.

Semadeni advirtió que “el precio del ternero medido en dólares se ubica un 85% por encima del promedio de los últimos 20 años” y alertó sobre posibles tensiones hacia 2026 si el consumo no logra convalidar esos valores.

 

Consumo firme, pero lejos de los niveles históricos
Pese a las subas, el consumo mostró una leve recuperación. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de Argentina (Ciccra), en 2025 aumentó 1% respecto de 2024. Sin embargo, todavía se ubica un 8% por debajo de los niveles de 2023 y muy lejos de los registros históricos.

Desde la Bolsa de Comercio de Rosario aclararon que no se trata de una caída abrupta del consumo de proteína animal, sino de un reemplazo parcial de la carne vacuna por pollo y cerdo. Aun así, la carne volvió a presionar fuerte sobre la inflación y dejó en evidencia que, incluso con números macro más ordenados, el impacto en la mesa de los argentinos sigue siendo un problema sin resolver.

 

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