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Panaderos del Chaco anticipan inminentes aumentos, tras seis meses de precios congelados

El Centro de Industriales Panaderos de la provincia analiza un incremento tras seis meses de precios congelados. El impacto acumulado en los costos de producción ya se ubica entre un 10% y un 15%, lo que obliga al sector a trasladar las subas para evitar trabajar a pérdida.

 

 

La mesa de las familias chaqueñas se prepara para un nuevo ajuste. El Centro de Industriales Panaderos del Chaco comenzó a evaluar formalmente un aumento en el precio del pan y sus derivados, argumentando que la situación de asfixia por el alza de costos y la caída del consumo se ha vuelto insostenible.

Alejandro López, presidente de la entidad, explicó que la decisión comenzó a gestarse en una reunión de Comisión Directiva realizada este jueves. «Hace seis meses que no aumentamos el precio de nuestras mercaderías y venimos absorbiendo todo tipo de incrementos», señaló el dirigente en entrevista por Radio Libertad.

Según los análisis técnicos del sector, los principales factores que impulsan esta suba son los aumentos significativos que se registraron en materias grasas y azúcar; los costos de producción que subieron entre un 10% y 15% en el último semestre, por lo que el sector ya prevé nuevos incrementos en los salarios de los empleados.

Actualmente, el costo promedio de producción del kilo de pan oscila entre $2.200 y $2.400, un valor que no incluye rentabilidad para el panadero. Por este motivo, López advirtió que los precios de venta al público deberán situarse por encima de esas cifras para garantizar la viabilidad de los comercios.

En este sentido, el dirigente alertó sobre la existencia de panificados a precios muy por debajo del mercado: «Si usted ve un pan a mitad de precio, tiene que saber que seguramente hay mano de obra o materia prima no registrada», afirmó, sumando la preocupación por la falta de controles bromatológicos en la competencia informal.

El escenario se completa con una marcada debilidad en las ventas. «Cada vez que aumentamos perdemos clientela», lamentó López, quien detalló que, si bien por ahora no se reportan cierres de panaderías en la provincia, la crisis obligó a una reorganización del personal. «Lo que se hizo fue arreglarnos entre los colegas cuando algún empleado salía de vacaciones y no tomar reemplazos porque se estaba vendiendo muy poco».

La última esperanza del sector está puesta en el inicio del ciclo lectivo. Los industriales panaderos esperan que el retorno de la actividad escolar reactive las ventas y permita, al menos, sostener los puestos de trabajo actuales durante la primera mitad del año.

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