Moscú denunció “piratería” tras la captura de un petrolero en aguas internacionales
Un operativo naval de Estados Unidos contra un petrolero vinculado a Rusia y Venezuela volvió a generar un fuerte foco de tensión internacional. Tras dos semanas de seguimiento aéreo y marítimo, fuerzas estadounidenses interceptaron e incautaron el buque en aguas internacionales, al considerar que integraba una “flota fantasma” dedicada a evadir sanciones petroleras. Moscú denunció el accionar como un acto de “piratería” y una violación al derecho del mar.
El Comando Europeo de Estados Unidos confirmó que el abordaje se realizó en el Atlántico Norte en cumplimiento de una orden emitida por un tribunal federal. El seguimiento estuvo a cargo del guardacostas USCGC Munro, que monitoreó la nave mientras intentaba eludir el bloqueo impuesto por la administración de Donald Trump a los buques que transportan crudo sancionado desde o hacia Venezuela.
Según Washington, el petrolero, históricamente ligado al transporte de petróleo venezolano, había partido desde Irán rumbo a Venezuela y, durante su regreso, realizó maniobras para evitar la intercepción. Entre ellas, el cambio de nombre —de Bella 1 a Marinera— y el traspaso de bandera, de Guyana a Rusia.
La tensión se intensificó cuando Estados Unidos informó el abordaje de un segundo petrolero en aguas del Caribe. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, aseguró que ambos operativos fueron “meticulosamente coordinados” y que los buques involucrados formaban parte de una red destinada a evadir sanciones internacionales.
Noem sostuvo que las tripulaciones intentaron ocultar su identidad y destacó que uno de los buques modificó su nombre y bandera mientras era perseguido. Además, elogió el accionar de la Guardia Costera y advirtió que las autoridades estadounidenses continuarán persiguiendo este tipo de operaciones ilegales.
Desde Moscú, el rechazo fue inmediato. El gobierno ruso denunció que la incautación viola la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y afirmó que ningún Estado puede usar la fuerza contra buques debidamente registrados que navegan en alta mar. El ministro de Transporte, Andréi Nikitin, señaló además que Rusia perdió contacto con la embarcación tras el abordaje, lo que generó preocupación por la seguridad de la tripulación.
En la misma línea, el senador Andrei Klishas calificó el operativo como un “acto de piratería absoluta”. También se pronunció la empresa BurevestMarin, vinculada al buque, que sostuvo que se trataba de una nave civil sin carga y denunció una persecución prolongada con vigilancia aérea constante.
Para Washington, en cambio, el petrolero había sido sancionado en 2024 y es considerado un buque apátrida, pese a su intento de registrarse bajo bandera rusa, lo que —según fuentes oficiales— legitima la incautación. El episodio se inscribe en el endurecimiento de la política estadounidense hacia Venezuela y suma un nuevo capítulo a la ya compleja relación entre Estados Unidos y Rusia.

