Maduro llegó a Nueva York escoltado por el FBI y la DEA tras su captura en Caracas
Nicolás Maduro aterrizó este sábado por la tarde en el estado de Nueva York bajo estrictas medidas de seguridad, luego de haber sido capturado horas antes en Caracas durante una operación encabezada por fuerzas especiales de Estados Unidos. El mandatario venezolano descendió esposado de un avión militar Boeing 757 en la Base de la Guardia Nacional Aérea de Stewart, escoltado por agentes del FBI y de la Administración de Control de Drogas (DEA).
Tras su arribo a suelo estadounidense, Maduro fue puesto formalmente a disposición de la Justicia federal y será trasladado al Metropolitan Detention Center (MDC), una cárcel de máxima seguridad ubicada en Brooklyn, donde permanecerá detenido mientras se prepara su primera comparecencia ante un tribunal del Distrito Sur de Nueva York.
La causa judicial también alcanza a su esposa, Cilia Flores, quien fue trasladada bajo custodia en el mismo operativo. Ambos están acusados de delitos graves, entre ellos narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y posesión de armas automáticas, en el marco de cargos impulsados por la Fiscalía federal neoyorquina.
La detención de Maduro se produjo durante la madrugada del sábado en la capital venezolana y tomó por sorpresa tanto a las autoridades locales como a la comunidad internacional. Según trascendió, tras su captura fue trasladado inicialmente a la base naval de Guantánamo, desde donde se concretó el vuelo hacia Nueva York bajo custodia estadounidense.
El despliegue de seguridad en la base aérea de Stewart y la participación de múltiples agencias federales reflejan el carácter inédito del procedimiento, considerado uno de los más relevantes de las últimas décadas en materia de justicia internacional.
Impacto político y diplomático
La llegada de Maduro a Estados Unidos provocó reacciones inmediatas a nivel global. En Venezuela, el gobierno y sectores del chavismo denunciaron lo ocurrido como una “agresión militar” y una violación a la soberanía nacional, mientras crece la incertidumbre sobre el futuro político del país.
En el plano regional e internacional, el caso abre un nuevo escenario de tensiones diplomáticas y plantea interrogantes sobre el devenir del chavismo, la transición de poder en Venezuela y el alcance de la justicia estadounidense en causas de alcance transnacional.
El proceso judicial recién comienza, pero sus consecuencias ya se proyectan sobre el mapa político de América Latina y las relaciones hemisféricas.

