Irán advierte represalias a nivel mundial tras el ataque a su mayor yacimiento de gas
La crisis en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo de máxima tensión luego de que Irán denunciara un ataque contra su principal infraestructura energética y lanzara una advertencia que encendió alarmas a nivel mundial.
El blanco fue el megayacimiento South Pars–North Dome, considerado la mayor reserva de gas natural del planeta y un pilar clave para el abastecimiento energético global. Según informaron autoridades iraníes, el bombardeo habría sido ejecutado por fuerzas de Israel y Estados Unidos, lo que eleva aún más la gravedad del conflicto.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, advirtió que la ofensiva podría tener consecuencias de alcance global. “Esto podría derivar en efectos incontrolables que abarquen al mundo entero”, expresó, en un mensaje que deja entrever posibles represalias y una escalada difícil de contener.
En la misma línea, el titular del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, fue aún más contundente al afirmar que “rige la ley del ojo por ojo”, sugiriendo que la respuesta iraní podría ser inminente y proporcional a los daños sufridos.
El ataque impactó en instalaciones ubicadas en la región de Asaluyeh, dentro de la provincia de Bushehr, donde se reportó un incendio tras la caída de proyectiles. Equipos de emergencia trabajaron para contener las llamas, aunque hasta el momento no se confirmaron víctimas ni el nivel total de afectación en la infraestructura.
El yacimiento South Pars no solo es vital para Irán —ya que abastece cerca del 70% de su consumo interno de gas— sino que también forma parte de un sistema compartido con Qatar, uno de los principales exportadores mundiales de gas natural licuado. Cualquier interrupción en su funcionamiento podría generar un efecto dominó en los mercados energéticos internacionales.
Especialistas advierten que un deterioro en la producción o distribución del gas podría traducirse en subas abruptas de precios, afectando tanto a economías desarrolladas como emergentes. Europa y Asia, altamente dependientes de las importaciones energéticas, aparecen como regiones especialmente vulnerables ante una eventual crisis de suministro.
Este episodio se enmarca en una escalada sostenida de tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel, en un contexto geopolítico cada vez más volátil. La posibilidad de que el conflicto alcance infraestructuras estratégicas marca un punto de inflexión y abre un escenario de incertidumbre global.
Mientras la comunidad internacional observa con preocupación, crece el temor de que el enfrentamiento trascienda el plano regional y derive en un impacto económico y energético a escala mundial.

