Sociedad 

Es chaqueña y la confundieron con la pareja de un narco asesinado: “Temo por mi vida”

Lo que comenzó como un informe televisivo sobre la llamada “narcocultura” en Ecuador terminó impactando de lleno en la vida de una joven argentina que jamás estuvo en ese país. Micaela Morales, chaqueña de 28 años y residente en Barcelona desde hace un año y siete meses, fue confundida con la pareja de un narcotraficante asesinado en Guayaquil y quedó expuesta ante millones de personas.

El episodio se originó tras el crimen de Stalin Olivero Vargas, alias “El Marino”, ocurrido en una urbanización privada de Samborondón. A partir de ese hecho, un canal ecuatoriano emitió un informe sobre mujeres vinculadas a organizaciones criminales, conocidas en redes como “Las Muñecas de la Mafia”. En ese contexto, difundieron imágenes del perfil de Instagram de Micaela Morales, pero no se trataba de la mujer investigada, sino de una homónima.

La coincidencia de nombre y cierto parecido físico bastaron para que su imagen quedara asociada al narcotráfico, el lavado de dinero y una supuesta vida de lujos financiada con actividades ilícitas. Desde el 9 de enero, la joven comenzó a recibir mensajes agresivos en sus redes sociales. La acusaban de prostitución, de vivir con dinero manchado de sangre y de integrar una red criminal.

La situación se agravó cuando el informe salió al aire en la televisión nacional ecuatoriana. Quienes habían dudado de la confusión comenzaron a creer que mentía. Su nombre empezó a circular en distintos países y las amenazas escalaron, incluso contra su familia en Argentina. “Me decían que iban a matar a mi papá”, relató.

El miedo se volvió parte de su rutina en Barcelona, donde reside y trabaja en el sector hotelero. Evitaba salir, dejó de publicar contenido en redes sociales y canceló viajes programados. También se aisló para no comprometer a su entorno. La exposición afectó tanto su vida personal como su proyección profesional: es licenciada en Psicopedagogía y teme que la vinculación errónea perjudique su carrera.

Ante la gravedad de lo ocurrido, acudió al consulado argentino y luego presentó una denuncia en España. Intentó comunicarse con el canal que difundió la información, pero asegura que no obtuvo respuesta hasta que su caso tomó repercusión pública. Finalmente, el medio emitió una rectificación, aunque ella considera que fue ambigua e insuficiente.

Su abogado analiza avanzar con un reclamo formal para exigir una aclaración más contundente y una compensación por los daños sufridos. Mientras tanto, el acoso disminuyó pero no desapareció por completo. Por precaución, mantiene bajo perfil y evita compartir detalles sobre su ubicación.

Lo que debía ser una experiencia temporal en Europa se transformó en una etapa marcada por la incertidumbre. La joven sostiene que su prioridad es recuperar su reputación y retomar su vida con normalidad. El caso pone en evidencia el impacto que puede generar una identificación errónea en un contexto sensible y la velocidad con la que una información no verificada puede trascender fronteras.

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