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Capitanich: «La República Argentina, hoy más que nunca, debe enarbolar las banderas de la paz»

 

El senador Jorge Capitanich reflexionó sobre el rol de la Argentina en un contexto global marcado por los conflictos armados. Señaló la importancia de implementar una política exterior soberana, que no esté condicionada por alineamientos automáticos, y llamó a sostener firmemente las banderas de la paz.

En un documento titulado “La Política Exterior como Razón de Estado”, Capitanich hace un repaso de la postura histórica del Justicialismo a favor del pacifismo. La Argentina fue una de las pocas naciones del mundo que ha fijado una posición de neutralidad en las dos guerras mundiales. En esa línea, el Gobierno de Juan Domingo Perón retoma una tradición histórica, “y la proyecta en la doctrina de la Tercera Posición, manteniendo una conducta internacional de no alineamiento automático a los efectos de defender nuestra soberanía y los intereses nacionales”, recuerda el Legislador.

Capitanich repasó los acuerdos internacionales que desembocaron en la Carta de la Naciones Unidas del 26 de junio del 1945, que construyeron un marco internacional sobre los principios de “integridad territorial”, “equilibrio de poder y no agresión”, “desarrollo de los estados nacionales”, principio de “no intervención en los asuntos de otros estados”, “libre determinación de los pueblos”, e “igualdad jurídica de los estados”. Se trata de un “modelo de organización” que otorga la posibilidad de un orden mundial basado en reglas.

El Senador realizó un recorrido histórico del contexto mundial, analizando el período de la guerra fría, los avances armamentísticos nucleares, y la transformación de la bipolaridad entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, hasta el período de hegemonía surgido a partir del “fin de la historia” y la caída del Muro de Berlín. Señala al período 1991-2001 con los Estados Unidos como potencia mundial a nivel militar, tecnológico, financiero y económico. Seguido por el de 1991-2022, caracterizado como un “período de posguerra fría” alterado por actores no estatales (Atentado a las Torres Gemelas), y estatales (guerra entre Rusia y Ucrania).

“Este orden aparente basado en reglas ha cedido su posición al uso de la fuerza desmedida sin evidencia ni inminencia del ataque de una fuerza extranjera, vulnerando la soberanía de los estados, la integridad territorial, la no intervención en asuntos internos de otros estados, de la libre determinación de los pueblos y del respeto al derecho internacional”, destacó Capitanich.

En este escenario, Capitanich fue crítico de la posición del Gobierno argentino de “seguidismo” a las políticas de Estados Unidos e Israel que significan un desfinanciamiento a organismos de las Naciones Unidas y agencias de cooperación internacional. Y comparó esta postura con la tradición histórica del Justicialismo, en favor de la paz y la lucha contra el terrorismo internacional, el narcotráfico, el comercio ilegal de armas, el lavado de activos financieros y las guaridas fiscales.

“Nuestra posición geopolítica en un continente de paz, sin guerras, sin racismo, ni discriminación, ni xenofobia con una posición estratégica de posesión de reservas de agua dulce, energía renovables y no renovables, minerales claves para el desarrollo mundial, alimentos, humedales, glaciares, recursos humanos, forestales y un capital cultural de excelencia debe marcar un horizonte definido en la estrategia de inserción internacional del país en el marco de una política exterior soberana. Nosotros no afrontamos hipótesis de conflictos internacionales que no sean provenientes de ataques exteriores que vulneren nuestra soberanía aérea, terrestre y marítima en el marco de la defensa y protección de nuestros derechos inalienables”, detalló. Y sumó la posición “inalienable” de la Argentina respecto a los derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, del Atlántico Sur y la Antártida argentina.

Sobre el conflicto en Medio Oriente

Capitanich analizó las consecuencias que el escenario bélico provoca en la economía mundial. “La continuidad del conflicto bélico en Medio Oriente aumenta la volatilidad de los precios de la energía, de los alimentos, de los minerales, propicia un aumento de la inflación en el mundo y un impacto en la tasa de interés como así también en el flujo financiero de los países menos desarrollados a los más avanzados”. Junto a las consecuencias en el nivel de empleo y en los salarios.

“El mundo consume 100 millones de barriles de petróleo diarios. 21 millones de barriles diarios circulan por el Estrecho de Ormuz, columna vertebral del conflicto regional que representa un pivote de abastecimiento para India (60%), China (40%), Japón (75%) con una cadena de suministro global de alimentos claves y esenciales para gran parte de la población mundial”.
Para Capitanich, el escenario bélico no solamente comprometa la paz mundial, sino que puede desembocar en la utilización de armas nucleares, con consecuencias devastadoras para el planeta. “Los líderes políticos de todo el mundo deben imponer en forma urgente las condiciones para un alto al fuego inmediato con un plan de desarme nuclear y de armas químicas y bacteriológicas que ponen en riesgo la vida humana y la sobrevivencia del planeta tierra”.

Propuestas

Capitanich llamó a la construcción de un orden mundial multilateral a partir de una reforma en la Carta de las Naciones Unidas, que considere un escenario de cooperación internacional “fomentando el comercio, el desarrollo productivo y la generación de empleos de buena calidad con salarios dignos”, junto a un orden económico y social más justo y un comercio más equitativo, bajo “el principio inalterable de la justicia social no sometidos al arbitrio del Fondo Monetario Internacional como ariete de la articulación de un modelo de exclusión social y especulación financiera”.

Capitanich enfatizó que la agenda del Congreso de la Nación en materia de política exterior debe incluir: Citar al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto para que explique los distintos escenarios del conflicto bélico; impulsar un proyecto de ley para regular las decisiones del Poder Ejecutivo en los conflictos internacionales; impulsar medidas ante la agudización de “conflicto bélico regional”; y generar y coordinar acciones con los aliados de la región, por medio del Mercosur, la Unasur y la CELAC, con la Unión Europea y con los países pertenecientes a los BRICS.

“La política exterior debe ser soberana, con una férrea defensa de los intereses nacionales pero combinando de un modo pragmático valores e intereses para una inserción justa en el mundo”.

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