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Alerta ambiental en la costa del Río Negro por curiosa membrana pegada a los árboles

Masas rosadas adheridas a los árboles de la ribera llamaron la atención de vecinos y transeúntes. No eran restos naturales ni vandalismo: se trataba de huevos del caracol manzana (Pomacea canaliculata), una de las especies invasoras más dañinas de los humedales.

Cada una de estas puestas puede contener entre 200 y más de 1.000 huevos. La hembra los deposita fuera del agua, sobre troncos y superficies cercanas al río, como parte de una estrategia reproductiva extremadamente eficiente.

El color rosa intenso cumple una función clave: los huevos contienen toxinas naturales que los vuelven venenosos para aves, peces y pequeños mamíferos, por lo que no deben manipularse sin protección.

Una advertencia ecológica

La aparición de estas puestas no es un hecho aislado ni una curiosidad natural. Es una señal clara de desequilibrio ambiental.
Los últimos calores extremos, sumados a la gran lluvia de los primeros días de enero alteraron de manera significativa el ecosistema del río que rodea a Resistencia, generando condiciones ideales para la proliferación de esta especie. A este escenario se suma, como factor central, la intervención humana: un río poco cuidado, que no goza de limpieza y que es sometido a múltiples formas de invasión, desde el avance urbano hasta la contaminación. Todo esto debilitan su equilibrio natural.

Especialistas recomiendan no aplastar ni arrojar los huevos al agua, no manipularlos sin protección y dar aviso a las autoridades ambientales cuando se detectan en espacios naturales.

Lo que parecía un detalle extraño en la costa del Río Negro es, en realidad, una advertencia ecológica. Reconocer estas señales es el primer paso para empezar a cuidar un río que, desde hace tiempo, nos da mucho más de lo que nosotros le damos a él.

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